Yo pongo el poema

Eso prometía el cartel de una dama en el retiro. Una chica, sentada con una pequeña mesa y una máquina de escribir aliviaba tus emociones con un poema, así como una adivina elimina tu impaciencia.

Me gustan estas formas de difundir la poesía. De compartirla y normalizarla. Porque es ahí donde está la poesía, en un paseo por el parque, en la lluvia, en las formas cotidianas del día a día.

Sin embargo, me parece que le quita valor al poema el hecho de que sea el consumidor, y no el poeta, el que le pone precio. No pongo en duda la capacidad de valorar unos versos que tiene el transeúnte: Probablemente sea una persona instruida en las riquezas de la lengua. Pero sí dudo de su capacidad para remunerar correctamente el trabajo de un poema que puede tener una gran calidad a pesar de haberse escrito en menos tiempo.

Si hubiese que estandarizar el precio de un poema con el fin de erradicar el contrabando, la precariedad, y la veracidad literaria: ¿en qué se basaría su precio? ¿Por kilo? ¿Por papel empleado? ¿Cómo se pone precio a un poema? ¿Por el tiempo invertido? ¿Por el número de palabras?

El caso es que todo esto importa, pero lo más importante es el contenido. Y las ideas no tienen precio. No puedes pesarlas, ni medirlas, las ideas son invisibles. Y sin embargo habitan en nuestra mente como formas primarias que nos constituyen.

Cualquiera diría, que las palabras no valen nada. Pero esas ideas intangibles que puedes plasmar en un poema son del mismo material que tus pensamientos. De un material intangible, por el cual corren los instintos. Nadie sabe quien lo ha dejado ahí, pero forma parte de ti como una columna indestructible de tu personalidad.

Bienvenidos a mi nuevo Blog. Este pretende continuar con lo que empecé en 2016 con https://deliriosracionales.blogspot.com/ Un lugar en donde hablo de poesía y de todo lo que tiene que ver con lo bello de la vida.

Muchas gracias por estar aquí, y, como siempre, bienvenidos.

Este es un espacio de libertad para todos. Un sitio al que venir a aprender y a descubrir nuevos aspectos de nosotros mismos y de los demás. Así, me permito la libertad de compartir una práctica de caligrafía que he hecho esta misma tarde con la frase ”Calligraphy is giving ideas identity”. Y eso es lo que creo. Que la caligrafía le da identidad a las ideas. Las dota de formas bellas, haciendo, en el mejor de los casos, honor a su significado.

Las palabras son uno de los mejores inventos del ser humano, pero también lo es la escritura. Ya que ésta nos ha permitido sumergirnos en épocas pasadas y conocer sus costumbres, sus creencias y sus virtudes.

Aún, a día de hoy, me sorprende la forma en que algunas personas del pasado, como Ovidio o Homero, siguen vivos entre nosotros. Con sus libros y textos, han hecho lo que se creía imposible. Hacerle burla a la muerte. Atravesar fronteras del tiempo y convertirse en dioses omnipresentes en toda la sabiduría popular.

De esa forma, nosotros, los humanos, nos convertimos en inmortales. Y la caligrafía es una forma de rendirle homenaje a las palabras.